La Sociedad del Duelo
31Aug/040

La piscina de la estación del norte

Al principio no me di cuenta. En el vestuario todos parecían normales y como empecé a nadar sin gafas creí que no veía bien debajo del agua. Pero cuando por fin me hice con unas, las cosas cambiaron y advertí el mundo tal como era. Lo que parecían hombres normales, una vez dentro del agua se convertían en tiburones, bueno, no es del todo cierto. Mientras estuviera mirándolos por encima del agua aparentaban ser hombres corrientes y molientes pero si metía la cabeza dentro, en lugar de verlos a ellos, veía a los dichosos escualos.
Descubrí que respetaban las pistas por las que nadaban, así que en principio, yo estaba a salvo siempre que no estuviera en la misma que ellos. El problema venía cuando estaban en la misma. No me importaba tenerlos delante nadando porque los podía controlar pero no me hacía ninguna gracia tenerlos detrás y más aún, cuando no soy un gran nadador.
He dejado de ir por miedo, aunque el psiquiatra dice que no es bueno que deje de hacer ejercicio. Yo le digo que sólo me atrevería en una piscina de mujeres. Ellas son delfines.

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30Aug/042

El portal invisible

Volvía tarde a casa. Había estado con los amigos, hablando, bebiendo cerveza,... en fin, ensuciándome de ciudad.
Alcancé mi calle y comencé a bajar por ella. Los números pares iban decreciendo: 12, 10, 8, 6, ...2
¿Y el 4? ¿Dónde estaba el 4?
Era consciente de que mi estado no era el idóneo para encontrar portales pero sabía, que el 4 existía. ¡Joder yo vivía en él! Tras varios intentos de separar el 2 y el 6 para ver si en medio se encontraba el 4 y tras ver que las paredes asentadas ya hace años parecían querer burlarse de mi con su inmovilidad, opté por comenzar la calle por el otro lado. Así que di la vuelta a la manzana e intenté pillarlo desprevenido. Mientras andaba dando la vuelta me congratulaba de mi inteligencia. ¡Cualquiera en mi estado se hubiera pasado toda la noche separando paredes!
Cuando conseguí rodear la manzana decidí aparecer corriendo desde la esquina gritando como un descosido. Lo único que conseguí fue un cubo de agua de alguno de mis antiguos vecinos.
Ahora, cinco años después, sigo viviendo en la calle, esperando, acechando. Siempre cerca del 4. Sé que está ahí y que algún día reaparecerá. Mientras, acaricio la llave que me permitirá entrar. Espero que al menos no hayan cambiado la cerradura.

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29Aug/040

La taquillera del cine Florida Blanca

Un domingo cualquiera por la tarde me acerqué al cine de la calle Florida Blanca. Por ser Agosto y primera sesión no había mucha gente. Me puse delante de la taquillera que estaba inmersa en un libro intentando llamar su atención. Cuando por fin lo conseguí, me preguntó de qué tipo me gustaban las mujeres. Le dije que no entendía la pregunta. Ella insistió.
- ¿Altas? ¿Bajas? ¿Morenas?...
- Delgadas, altas y de ojos claros – acerté a decir con cara de sorprendido.
Sin más información me tendió la entrada numerada por debajo de la frontera de cristal que nos separaba y me dijo el precio.
No acababa de creer lo que estaba pasando pero decidí seguir el juego. La sala era la 5 y la película... bueno, la película es lo de menos en esta historia. Entré en la sala y busqué mi sitio. Sólo había una chica en ella y estaba más o menos por el centro. Empecé a adivinar de que iba todo cuanto más me acercaba a ella buscando mi asiento. Era justo a su lado. Vimos la película ella y yo a solas. Al acabar salí de la sala con el mismo silencio que había entrado. Ya en la calle pasé por delante de la taquillera. Ella me miró y alargó el cuello para ver salir a la chica en sentido contrario. Puso cara de desilusión. Todavía me pregunto si aquella taquillera no sería un cupido disfrazado.

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28Aug/041

Tú, lector

Tú, lector, palpitas de vida, orgullo y amor, como yo;
A ti, pues, los cantos que seguirán.

Walt Whitman.

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