Monthly Archives: November 2004

Simpathy for the Judas

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Siempre he tenido cierta simpatía por la figura de Judas. La comparo al coyote, el eterno perdedor que arranca nuestra simpatía.
En una religión, basada en el sacrificio como es el cristianismo, Judas fue el mayor sacrificado. En un club tan selecto como era el de los doce apóstoles, elegidos uno a uno por Cristo, es muy difícil pensar, que él, con todos sus poderes se equivocara en la elección.
Si nos paramos a pensar un poco, la traición, en forma de entrega de Cristo por Judas, era totalmente innecesaria. Cristo, ni mucho menos se escondía en una cueva para estar alejado de los sacerdotes. Se paseaba libremente por la calle. La figura de Judas, tan sólo es necesaria para poder explicar un posible alzamiento ante el apresamiento del Mesías.
Según Runeberg “Si (para salvar a los hombres) Dios se había rebajado a ser mortal, Judas podía rebajarse a ser un delator”. Y eso fue lo que él entendió o creyó entender, que ése era su papel y lo abrazó con alegría, con la seguridad de que nadie podría, nunca, sacrificarse más que él. De hecho, una vez consumada la traición, Judas no soportó la culpa y se colgó después de devolver las treinta monedas. Cantidad que en aquella época no superaba al salario mensual de un albañil. Es evidente que no lo hizo por dinero, más bien empujado por su jefe, que en la cena, después de anunciar la traición que iba a sufrir aquella noche, se dirigió a Judas y le dijo ‘Lo que tengas que hacer, hazlo enseguida’.
Quizá fue el propio Jesús el que decidió su entrega – y por eso le dice a Judas que se apure-. Quizá creía que su juicio o la amenaza de su ejecución podían provocar la revuelta esperada. Si esto fue así, si así se equivocó, éste error explicaría la frase más misteriosa de los Evangelios: Jesús en la cruz, moribundo, gritando “¿Padre , por qué me abandonaste?”.

Referencias:
Nota de Martín Caparrós
PUBLICADA EN: “Revista Veitiuno” el día Miércoles 31 de marzo de 1999

El Miedo

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En Amalfi, al terminar la zona costanera,
hay un malecón que entra en el mar y la noche.
Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.

Julio Cortázar
Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo

La escalera infinita

escalera.jpgNo sé cuanto tiempo llevo subiendo. No acierto a recordar mi infancia distinta a esto y tampoco imagino un fututo distinto. Esta maldita escalera ha estado debajo de mis pies desde que tengo uso de razón. Treinta y tres escalones por cada piso. Mis piernas los suben de memoria, a veces incluso, les arrancan ritmos pétreos.
Alguna vez he pensado en regresar, sobre todo cuando miro arriba y no veo el fin pero ya tampoco lo veo hacía abajo. ¿Es un castigo acaso? ¿Algo que hice mal en otra vida? ¡Si al menos supiera cual es mi penitencia!…¿un número de pisos? ¿de escalones quizá? ¿Es esto el camino al paraíso? ¿Tendrá recompensa tanto esfuerzo?
Nunca me he cruzado con nadie. Para eso alguien debería bajar ¿Tal vez subimos todos? He gritado alguna vez buscando una respuesta y mi eco ha sido toda ella. ¿Qué sentido tiene esta vida?