La Sociedad del Duelo

18 January 2005

Trampa con trampa

Filed under: Intercuentos — gines @ 5:34 pm
muelle.jpgMe di cuenta al final del verano. Había estado yendo cada tarde al lago a bañarme para luego tomar el sol en el muelle que parecía flotar sobre el agua. Nunca me había fijado en aquella puertecilla del suelo. Hubiera jurado que nunca había estado allí pero,… ¿Qué sentido tenía que alguien hubiera venido a ponerla el último día de las vacaciones? De todas formas aquella no era mi duda más acuciante. ¿Para que diablos servía aquella trampilla? Desde luego, para pescar no era. El sedal se podía lanzar a lo largo de todo el muelle y la misma explicación anulaba la hipótesis de que era para probar la temperatura del agua antes de zambullirse. ¿Habría algo debajo? ¿Un monstruo quizá? Supongo que todos pensáis: ¡Pues coño, ábrela!’ ¡Claro! es la típica respuesta del valiente lector que está al otro lado de la página. En fin, que al final la curiosidad me venció. Levanté la trampilla muy despacio y comenzó a brotar agua, lenta al principio pero que poco a poco cogió tanta fuerza que me dio el tiempo justo de correr hasta tierra firme y ver desaparecer el muelle bajo del agua.
A partir de ahora y por mi propio bien, ignoraré cualquier elemento nuevo que se introduzca en el relato. El sindicato de personajes me protege.

3 January 2005

Móvil de empresa

Filed under: Intercuentos — gines @ 1:27 pm
jefe.jpgMi móvil es de esos de última generación. Una de las funciones que incorpora es el reenvío de mensajes a posteriori, es decir, si no encuentra cobertura en el momento, lo guarda y lo envía cuando la encuentra. Está muy bien esto, ya que así puedes escribir en sitios como el metro, donde no tienes otra cosa que hacer. Pero no toda la tecnología es buena. Hace una semana, tuve un día horrible. Todo el mundo estaba de vacaciones y yo estuve en la oficina hasta las nueve de la noche por un problema que surgió. Como imaginareis mi amor por la empresa en ese momento dejaba mucho que desear.
Ya de regreso a casa, en una estación de metro, donde a veces hay un rayo de cobertura, recibí un mensaje de mi jefe que decía ‘Reunión en la oficina a la 23:00’. A lo que yo, en la calentura del momento, contesté literalmente ‘Va a ir tu madre’. Le di a enviar sin dudarlo, dándome ya por despedido, pero la sensatez me quiso dar una segunda oportunidad y al entrar de nuevo en el túnel el mensaje quedó por enviar. Las letras por pagar me hicieron entrar en razón. Apagué el teléfono para que no se enviara. Ahora tengo un móvil que si lo enciendo, me despiden.

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