Monthly Archives: February 2005

El traductor impertinente

traductor.jpgEl oficio de traductor le dejaba pocas satisfacciones. Sobre todo al ser uno de esos que transcribe best sellers extranjeros de dudosa calidad literaria. Traduciendo estaba un día cuando después de leer un párrafo decidió adornarlo con una frase propia. Cuando salió publicado le inundó cierto aire de orgullo. Más tarde – en otro libro – introdujo un párrafo entero y una dedicatoria a su novia sorteando también la censura del editor. Se atrevió entonces a escribir un prólogo a un nuevo libro en el que estaba trabajando, opinando y diseccionando la obra como si fuera suya. A los dos meses estaba en las estanterías de las librerías más famosas. El último libro que ha entregado al editor es directamente una novela suya. Lástima que haya tenido que respetar el título.

Old Boy

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“Ríe, y el mundo entero reirá contigo;
Llora, y llorarás solo;
porque este viejo mundo tiene que tomar prestada la alegría,
y miserias tiene bastantes con las propias.”

Park Chan-Wook citando E. Wheeler Wilcox en Old Boy

Interceptar al emisario

arquero.jpgLa ciudad estaba con la protección mínima. Los más valerosos guerreros habían marchado a tierras extrañas para agrandar aún más la gloria de su monarca.
Y como es sabido que en todo castillo hay confidentes y confiados, un paje se enteró que un traidor al rey había enviado un mensajero allende sus limites para avisar al enemigo de esta circunstancia. Éste habría de encontrarse con cinco mensajeros más, que a su vez, se encontrarían con otros tantos que harían lo mismo de forma exponencial hasta avisar cada uno a un señor feudal contrario con el fin de reunir las tropas necesarias para atacar de forma masiva y aplastante. El rey, confiado, envió tan sólo un arquero a interceptar al primer mensajero. La fama de su certera puntería era tal que olvidó el asunto en cuanto le encargó la misión.
Pero falló y esa flecha cambió el rumbo de la historia.

Moneda de cambio

moneda.jpgEn la Patagonia, cerca de Río Negro existió – puede que aún lo haga – un pueblito tan recóndito que acuñó su propia moneda. Durante décadas los dueños del almacén ajenos a este hecho, trabajaron duramente para ahorrar y dar una vida digna a sus hijos. Tras muchos años de esfuerzo y ante el abandono progresivo de la gente del lugar que marchaba para no regresar, decidieron vender el negocio, reunir todos los ahorros e irse a vivir a Buenos Aires. Cuando por fin llegaron a la ciudad e intentaron comprar algo con aquellas monedas le informaron que no eran de curso legal y que allí no tenían ninguna validez. El dinero que tanto esfuerzo y privaciones les había hecho pasar sólo tenía valor en el lugar del que habían huido.

Decidí ser escritor

premio.jpgDecidí ser escritor. Ante la constante negativa de las editoriales a publicar lo que enviaba escudándose en no apostar por gente desconocida, resolví crearme una vida ficticia idónea para el cometido que buscaba. Lo primero que hice fue reservar unos cuantos dominios de Internet con nombres relacionados a la literatura y otros parecidos a los de los periódicos digitales. A continuación diseñé las páginas web siempre imitando el formato del original. Ocultas entre las noticias crueles del día, colé algunos artículos alabando los libros que había publicado. No dudé en colgar un montón de fotos recogiendo premios que jamás existieron – si os fijáis las manos del que me entregan los premios son siempre las mismas – y tampoco meterme en foros de literatura y decir a todos que leyeran a este gran escritor que soy yo. Dejé que mi experimento fraguara durante un mes y la gente increíblemente comenzó a opinar sobre mi inexistente obra y decir que este libro le había gustado más que aquel y que había sabido reflejar muy bien el sentimiento del personaje en otro libro que ni siquiera yo había nombrado. Me había convertido en el escritor de moda. Un mes más tarde me llamó Planeta para darme el premio por mi última gran novela. Eso sí, me ponen como condición inapelable que se la haga llegar antes de pasar por caja. ¿Conocerán ‘Cien años de Soledad’?

Buñuel y el trabajo

bunuel.jpg-Pobres trabajadores. ¡Cornudos y apaleados! El trabajo es un maldición, Saturno. ¡Abajo el trabajo que se hace para ganarse la vida! Ese trabajo no dignifica, como dicen, no sirve más que para llenarle la panza a los cerdos que nos explotan.
Por el contrario, el trabajo que se hace por gusto, por vocación, ennoblece al hombre. Todo el mundo tendría que trabajar así. Mírame a mí: yo no trabajo. Y, ya lo ves, vivo, vivo mal, pero vivo sin trabajar.

Don Lope al mudo en Tristana.
Luis Buñuel.

Fusilamiento preventivo

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“Sabemos su secreto. Si no mata a Rubén Ramos lo haremos público”. Eso era todo lo que ponía la nota. Ser el hombre más poderoso del país conlleva que de vez en cuando te lleguen anónimos como este. Por más que pienso no se me ocurre quién ha podido escribir esta nota. Ni siquiera conozco a ese tal Rubén. ¿Qué interés tienen en su muerte? Yo por si acaso lo he mandado arrestar y fusilar. No tenía elección, imaginen el escándalo si mi secreto se hiciera público. Por otra parte tampoco sé muy bien a qué secreto se refieren.

Elogiemos ahora a hombres famosos

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Estos días está de moda Alejandro Amenábar. El mundo cinematográfico español se ha puesto de acuerdo para dar un último empuje al joven en su triunfal carrera a los Oscar. Nunca nada me ha parecido tan descarado y de tan mal gusto como la entrega de Goyas del otro día. Directores como Almodóvar y Garci que estaban nominados ni siquiera aparecieron ante la evidencia del amaño. ¿Para qué se bajaba del escenario si sabía que tenía que subir de nuevo? ¿No hubiera sido mejor ponerle su sillón allí mismo? Me parece detestable la última película que ha hecho. Aprovecharse de un tema tan serio y tratarlo con tan poco respeto y donde la única maestría que demuestra es el total control del volumen de la música en las escenas clave. Lo peor de todo, es que ni siquiera el tema elegido es original. En 2001 Roberto Bodegas abordó la vida de Sampedro en ‘Condenado a vivir’ y pasó totalmente inadvertida. No era un director de moda. Lo más lamentable es que ni siquiera se ha molestado en cambiar el cartel de la película. Si queréis ver una película sobre la Eutanasia – tratada con suma exquisitez – os recomiendo ‘Million Dollar Baby‘ de Clint Eastwood. Nada que ver un director con el otro.
Pues nada Amenábar, felicidades por tu Oscar y por la maravillosa campaña de marketing de tu productora, ya para mi la quisiera.

El eterno ganador

escritor.jpgSelló la carta y la metió en el buzón con la esperanza del escritor novel que envía su primer relato. Su sorpresa fue máxima cuando a las tres semanas se supo el resultado y había conseguido el primer premio. Eso lo animó a enviar más escritos. El resultado era siempre el mismo. Por cada uno que enviaba recibía un premio acompañado de un cheque y de la promesa -siempre incumplida – de su publicación. Durante una larga temporada vivió de esto pero un día se paró a pensar y se dio cuenta que ni uno solo de sus relatos había quedado sin laurear. Hizo la prueba de enviar lo primero que se le ocurrió y volvió a recibir la carta con las felicitaciones, el cheque y la promesa. Envió otro, esta vez rozando lo soez en su contenido y de nuevo recibió el premio. Entonces comenzó a enviar lo peor de si mismo. Si era una convocatoria de novela enviaba un relato corto, si era de relato corto enviaba un poema, si era de poesía un microrrelato… Los premios le seguían llegando igual. Durante diez años se había presentado a todos los concursos literarios conocidos y todos los había ganado sin llegar a publicar nunca. Pensó que la única manera de no ganar era no presentarse y así lo hizo. A los dos días recibió una carta del concurso de ‘Palabras Mínimas’ felicitándole por su genialidad al no presentarse y que no sólo había ganado el premio sino que además los jueces habían llegado al consenso de duplicarlo ante tal derroche de maestría. El último cuento que escribió fue el único que llegó a publicarse. Era una página en blanco perdida entre microrrelatos de otros autores.