Monthly Archives: May 2005

Muerte en el olvido

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Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita…

(Ángel González)

The River

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I come from down in the valley
where mister when you’re young
They bring you up to do like your daddy done
Me and Mary we met in high school
when she was just seventeen
We’d ride out of that valley down to where the fields were green

We’d go down to the river
And into the river we’d dive
Oh down to the river we’d ride

Then I got Mary pregnant
and man that was all she wrote
And for my nineteenth birthday I got a union card and a wedding coat
We went down to the courthouse
and the judge put it all to rest
No wedding day smiles no walk down the aisle
No flowers no wedding dress

That night we went down to the river
And into the river we’d dive
Oh down to the river we did ride

I got a job working construction for the Johnstown Company
But lately there ain’t been much work on account of the economy
Now all them things that seemed so important
Well mister they vanished right into the air
Now I just act like I don’t remember
Mary acts like she don’t care

But I remember us riding in my brother’s car
Her body tan and wet down at the reservoir
At night on them banks I’d lie awake
And pull her close just to feel each breath she’d take
Now those memories come back to haunt me
they haunt me like a curse
Is a dream a lie if it don’t come true
Or is it something worse
that sends me down to the river
though I know the river is dry
That sends me down to the river tonight
Down to the river
my baby and I
Oh down to the river we ride

Desencuentros

sweetdream.jpgEstás tan cansada que te has dormido y ni siquiera te has dado cuenta que estoy sentado en el borde de la cama mirándote. Si me esfuerzo, aún consigo adivinar ese brillo especial en tu rostro que me transporta al principio de nuestro viaje. Aquella boca fresca e inocente que me besó una noche cuando apenas teníamos quince años, los largos paseos a ninguna parte, las pipas sentados en cualquier banco de cualquier parque, los futbolines a medias, el miedo a que lo descubrieran tus padres, el pánico de cuando lo descubrieron, las tardes estivales de estudio inútiles,…
Ahora todo permanece allí, en el pasado, y por más que te miro no te encuentro.
Aquella mujer ya no es la que duerme a mi lado, ni aquel hombre el que se acuesta al tuyo.

El corredor que llegó antes de salir

Decidí correr la maratón de una manera que nadie había intentando antes. Mi intención era realizarlo al revés: saliendo de la meta para llegar a la salida.
Cuando comuniqué mi propósito al comité me advirtieron que la marca que consiguiera no sería legal y me animaron a que no lo hiciera. A pesar de todo, el día de la carrera me presenté en la meta. Con un pequeño transistor supe cuándo había comenzado al otro lado. En mi reloj eran en ese momento las doce y cuarto del mediodía.
Nada más “desllegar” me sentí extremadamente can-sado pero a medida que me fui quitando de encima los kilómetros más pesados –el 42, 41 y toda la decena de los 30- el rendimiento de mi cuerpo fue mejorando notablemente. El momento álgido de la carrera fue cuando me crucé con el resto de participantes, que a modo de burla me hicieron el pasillo. No eran conscientes de lo que pasaría hora y media “menos” tarde, cuando a las nueve en punto de la mañana llegué al kilómetro 0 con un tiempo negativo de 3 horas y 15 minutos pulverizando – aunque sólo yo así lo entendiera – cualquier récord anterior. Lo mejor de todo fue que cuando llegué a la salida me sentí totalmente descansado, como si jamás hubiera corrido maratón alguna.