La Sociedad del Duelo

31 July 2005

Mi tclado no tin la tcla

Filed under: Intercuentos — gines @ 9:17 pm
teclado.jpg
No sé porque se me ha ocurrido cortarme el índice izquierdo sin pensar que al hacerlo no podría escribir palabras como“Eleante, inal o enomenal”

A continuación he decido cortarme e anuar derecho y ahora descubro que sóo puedo escribir “Eeante, ina o enomena”.

Me parece super gracioso y sigo con mi corazón izquiero, aparentemente no pasa naa. “Eeante, ina y enomena” continun igua.Asi que sigo con mi ínice erecho. as tres paabras siguen usto igua.

cortrme e meñique izquiero quen “Eente, in y enomen”.ecio cortrme os que me quen:
Purges
nurizquiero
Corzónrecho
Meicoerecho

Mehereiomuchoconeteuegoperohornopueoponermeo.

25 July 2005

700 Km.

Filed under: Interpoemas — gines @ 3:56 am
thinker.jpg

Pienso en ti,
irremediablemente en ti.
Mis pensamientos giran entorno a ti,
como una luciérnaga baila alrededor
de una bombilla.

21 July 2005

Atrapado en Lunes

Filed under: Intercuentos — gines @ 12:27 am
Aureliano García odiaba los lunes. Era ese día en el que el perverso reloj le recordaba que no había aprovechado el fin de semana como debiera y lo devolvía a la cruda realidad. Nunca supo cómo ni en qué momento se quedó atrapado en él, pero a partir de cierto día cada nuevo amanecer se despertaba en un detestable lunes que veía reflejado en la cara de sus compañeros y en la suya propia cuando iba al baño a maldecir su suerte.
Tras cuatrocientos cincuenta lunes sucesivos decidió quitarse la vida. Se lanzó un lunes bajo las ruedas del primer tren de la mañana y salió en el periódico del lunes de la mañana siguiente.

6 July 2005

…Y Brian pasó

Filed under: varios — gines @ 9:23 am
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I may not always love you
But long as there are stars above you
You never need to doubt it
I’ll make you so sure about it

God only knows what I’d be without you

3 July 2005

El viajero melancólico.

Filed under: Intercuentos — gines @ 9:38 pm
viajero.jpgMi profesión de marinero me mantenía siempre lejos de casa.
Rosa, mi joven mujer, tuvo que arreglárselas a solas con los mellizos, la casa, los papeleos,…
Es verdad que la añoraba, sobre todo en las largas noches de invierno en aquel destartalado barco en medio de la mar pero por las mañanas, cuando arribábamos a puerto esa extraña sensación de novedad y de aventura que me embargaba me curaba un poco de ella.
Ahora ya mayor y jubilado hace años, vivo en casa con Rosa y los hijos que aún siendo mayores, todavía no han abandonado el nido y aunque todas las noches cuando me acuesto al beso de buenas noches le acompaña un ‘te quiero’ ¡Qué no daría yo por repetir aquellos viajes y echarles de menos!

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