La Sociedad del Duelo
29Sep/052

Te deseo…

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Te deseo primero que ames y que
amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar.

Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.

Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.
Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas está hecha un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero enfrente a ti y digas: "Esto es mío", sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, aún sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.

(Victor Hugo)

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21Sep/054

Funeral Blues

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Parar todos los relojes, cortar el teléfono,
impedir que el perro ladre con un hueso jugoso.
Silenciar los pianos, y con tambor amortiguado,
traer afuera el ataúd,
dejar que los afligidos vengan.
Permitir que los aviones circulen gimiendo por encima,
garabateando en el cielo el mensaje "él esta muerto".
Poner grandes cintas alrededor de los blancos cuellos de los cisnes.
Dejar que los policías de trafico usen negros guantes de algodón.
Él era mi norte, mi sur, mi este, y oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso de Domingo,
mi mediodía, mi medianoche, mi habla, mi canción.
Pensé que amor duraría para siempre. Estaba equivocada.
Las estrellas no son deseadas ahora, apagar todas y cada una.
Envolver la luna y desmantelar el sol.
Volcar el océano y barrer la madera.
Porque ahora nada podría hacer ningún bien.

(Funeral Blues - Wystan Hugh Auden)

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20Sep/050

Tontos inmaculados

We talk of changes
We talk of may things
When there is sadness
We re-arrange the dream
Those tainted promises
They fade and die
We forget so easily
The love insisde

We are enchanted
We are immaculate
We are selected

I looked out my window
Thought i heard you come
Looked inside my mirror
To see what i had done
Faith hope and charity
They passed you by
Call them now they can´t refuse
Get, side by side

We are enchanted
We are immaculate
We are selected

The pretty tune is at an end
It´s down to you and me again
All the things that i don´t need
Always seem to follow me
Every day´s a holiday
Sink or swim
Laughing as the ship goes down
We shall live again

(Immaculate Fools - Immaculate Fools)

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15Sep/050

Las ideas en busca de autor

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12Sep/050

La maldición del novelista

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Toda novela creada con auténtica pasión aspira de un modo natural al valor estético duradero, lo cual quiere decir que aspira al valor capaz de sobrevivir al autor. Escribir sin esta ambición es puro cinismo: porque, mientras que un fontanero mediano es útil a la gente, un novelista mediano, que produce a conciencia libros efímeros, corrientes, convencionales, por tanto inútiles, nocivos y que estorban, sólo es digno de desprecio. Es la maldición del novelista: su honestidad está atada al potro infame de su megalomanía.

(El telón – Milan Kundera)

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10Sep/050

La batalla silenciosa

(Entrevista de Pilar Cabañas a Juan José Millás)
Permíteme comenzar citando una definición tuya del término literatura que siempre me ha inquietado por su carácter paradójico. Es de 1989, y según ella la literatura sería "una batalla silenciosa en la que uno ha de ganar, o de perder, palmo a palmo, un territorio que no es suyo con armas que no le pertenecen".
A estas alturas de tu carrera, ¿sigues suscribiendo estas consideraciones o bien los años, el oficio, te han aportado un mayor grado de certidumbre?

Bueno, eso forma parte de un artículo, y tiene sentido desde ese artículo. Pero, básicamente, yo creo que la literatura es eso, y ésa es una de las cosas que la hace apasionante, el ser todo muy inestable, el territorio que pisas y las herramientas de que dispones. Hay un personaje de El desorden de tu nombre que dice en un momento determinado que uno tiene que escribir -y, en ese caso, ése sería el objetivo de la literatura- sobre lo que no sabe, justamente, porque escribir de lo que uno sabe no tiene ningún interés. Esto conecta un poco con esa definición; es decir, la literatura consiste, precisamente, en escribir de lo que uno no sabe. Y con herramientas que no le pertenecen pues porque el lenguaje es muy artificial y nunca llegas a dominarlo, nunca llegas a controlarlo. Tienes que estar pactando con él porque, seguramente, el texto literario es el resultado de la tensión entre lo que quieres decir tú y lo que quiere decir el lenguaje, entre lo que quieres decir y lo que eres capaz de decir, entre la tradición en la que te has incluido y la subjetividad que tú eres capaz de aportar a esa tradición. Y, en definitiva, son siempre materiales muy gaseosos todos.

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7Sep/050

Escribir

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"13.15. Todos los tripulantes de los compartimientos sexto, séptimo y octavo pasaron al noveno. Hay 23 personas aquí. Tomamos esta decisión como consecuencia del accidente. Ninguno de nosotros puede subir a la superficie. Escribo a ciegas." Estas palabras, escritas por un oficial del Kursk en un pedazo de papel, tienen la turbadora exactitud que pedimos a un texto literario. El autor está rodeado de bocas que exhalan un pánico que ni siquiera nombra. Él mismo debe de encontrarse al borde de la desesperación, pero no tiene tiempo ni papel para recrearse en la suerte. Ha de hacer, pues, una selección rigurosa de los materiales narrativos, y el resultado es esa obra maestra en la que, sin embargo, sólo cuenta aquello a lo que se puede asignar un número: la hora y la cantidad de hombres. En situaciones extremas, la literatura sale a presión, como por la grieta de una tubería reventada. El documento del oficial del Kursk es bueno porque es necesario. Mientras la muerte trepaba por sus piernas, ese hombre se entregó con fría vehemencia a la literatura. Y de qué modo.
Naturalmente, lo que no dice ocupa más de lo que dice, pero lo ausente ha de aportarlo el lector, que es tan responsable de lo que lee como el escritor de lo que escribe. Sería absurdo comenzar una novela afirmando de un frutero que es bípedo. El lector tiene la obligación de saber que lo fruteros son bípedos y que están dotados de cuatro extremidades con cinco dedos en cada una de ellas. Sin estos sobreentendidos primordiales, la escritura resultaría imposible.
Lo curioso es que un billete con cuatro líneas aparecido en el bolsillo de un cadáver responda de súbito a la vieja pregunta de para qué sirve la literatura. Sirve para contarlo. Todos aquellos que aspiran a escribir deberían recitar el texto del Kursk como una oración. Ser escritor, al menos cierto tipo de escritor, significa vivir rodeado de pánico percibiendo a tu alrededor bultos que pasan de un compartimiento a otro con los calcetines mojados. Y tú eres uno de esos bultos: aquel que, por encima o por debajo del miedo, está poseído por la necesidad de contarlo, aunque las posibilidades de que alguien lo lea sean muy escasas. Escribo a ciegas.

(Juan José Millás)

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7Sep/050

Soneto 21

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No ocurre conmigo como con aquella Musa
estimulada a versificar por una belleza pintada,
que el mismo cielo usa para adorno,
y cada bella compara a su bella,
acoplándola, en orgullosas comparaciones,
con sol y luna, y con ricas gamas de la tierra y del mar,
con las primeras flores de abril y toda cosa rara
que el aire del firmamento encierra en esta enorme cúpula.

¡Oh! Permitid que, sincero en el amor, escriba sinceramente,
y por lo tanto creedme: mi amor es tan bello
como el niño de cualquier madre, aunque no tan brillante
como aquellas doradas luces fijas en el aire del cielo:
que digan más los que aman las frases vanas;
no alabaré aquello que no tengo propósito de vender.

trebol.jpg (W. Shakespeare)

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6Sep/050

El atasco asesino

atasco2.jpgEl atasco de esta mañana habría sido otro más si no fuera por una serie de hechos de difícil comprensión. Estando inmóvil en la fila no he podido evitar observar a la chica del coche de al lado que ha comenzado de pronto a hacer gestos de auxilio aplastando las palmas de las manos y la cara contra el cristal. Al principio no he entendido que hacía pero a continuación he visto que el coche se le estaba inundando por dentro. El nivel del agua subía rápidamente y pronto se iba a quedar sin aire. Antes de que pudiera reaccionar a este insólito suceso he visto como se hundía dentro de su propio coche hasta desaparecer con las manos en alto queriendo alcanzar la superficie. Aún no me había repuesto de la sorpresa cuando el coche ha estallado y ha desaparecido. He girado la cabeza para ver si los otros conductores lo habían visto y me he dado cuenta de que no era un hecho aislado. Más compañeros de atasco estaban ahogándose en sus vehículos. A medida que estallaban dejaban suficiente espacio para circular. Los supervivientes hemos aprovechado para empezar a rodar con la esperanza de salvarnos por el movimiento. Recorro las calles a 150. Tengo los pies mojados.
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4Sep/050

Encuentra las 7 diferencias

Cuando llegué al bar apenas me saludó. Estaba ensimismado estudiando un posavasos publicitario de la cerveza local en la que se leía en la cabecera ‘Encuentra las 7 diferencias’. Más abajo había dos dibujos aparentemente iguales de dos camareros con una bandeja en la mano coronada con una botella y una copa de la marca comercial. Llevaba dos horas observando el dibujo y había encontrado seis de las siete diferencias: la pajarita, la raya de la camisa, el delantal y la etiqueta de la copa eran evidentes, quizá la diferencia del dedo y el pelo no lo eran tanto, pero la séptima diferencia no había manera de encontrarla. Cansado de llevar una conversación solitaria me fui del bar dejándolo allí mirando el dichoso posavasos.
Poco a poco dejó de venir al bar. Por amigos comunes supe que se había obsesionado tanto con la última diferencia que apenas salía de casa para conseguir comida. Había mandado reproducir el posavasos a tamaño natural en una pared de su casa para poder estudiarlo mejor. Los años fueron pasando y la constancia de Jesús enfrente de aquella pared junto con la escasez de alimentos y falta de sol en la piel le llevó a enfermar de forma grave. Poco antes de morir le confió a su hijo que descubriera la maldita diferencia que le llevaba a la tumba. El hijo invirtió un año de su vida en estudiar aquella reproducción y harto ya del compromiso heredado decidió contactar con la fábrica de cerveza para preguntar cuál era. Al otro lado del hilo una amable telefonista le informó que era famosa la errata de ese posavasos entre los coleccionistas: dónde debía poner seis ponía siete.

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