La Sociedad del Duelo
15Oct/050

Insomnio

No había manera de dormir quizá porque no estaba acostumbrado a hacerlo solo. Ante la desesperación hice lo peor que se puede hacer para conciliar el sueño: ponerme a repasar mentalmente mi vida. Comencé por mi infancia y después de quinientas vueltas sobre mi mismo llegué a la conclusión que no había sido tan mala, seguí con la juventud y bueno, hubo momentos buenos y hubo momentos malos. No creo que fuera muy distinta a la de los demás jóvenes de mi época. Puede ser que mi vida empezara a fallar con mi primera mujer. O quizá no. Es muy fácil echar la culpa a otros. El caso es que llevaba mucho tiempo sin poder conciliar sueño y sabía que aquello iba a ser para largo. Mis dedos no dejaban de golpear de forma rítmica la madera. Lo que más me desesperaba era saber que ya era demasiado tarde para levantarme a dar una vuelta. Lo único que podía hacer para dejar de pensar era dormirme a pesar de que el calor asfixiante y lo estrecho del lecho tampoco ayudaban. Intenté seguir analizando mi existencia para conciliar el sueño, pensé si mis padres habían influido de alguna manera en la vida que había llevado, después de algunas horas más de insomnio la única conclusión a la que llegué es que ya daba igual. Decidí girarme otra vez dentro del ataúd y buscar una postura más cómoda para dormirme. Esta vez para siempre.
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