Monthly Archives: January 2006

Reservoir friends


─ Tu seras el Señor Rosa. (Joe Cabot)
─ ¿Por qué tengo que ser yo el Señor Rosa? (Sr.Rosa)
─ Por maricón, ¿vale?
─ ¿Por qué no puedo ser el Señor Púrpura?
─ No puedes ser el Señor Purpura.
─ ¿Por que no?
─ Tengo al Señor purpura reservado para otro trabajo.
─ ¿Qué coño importa que nombre tengas? (Sr.Blanco)
─ O, vaya, eso es fácil de decir para ti que tienes un nombre que suena bien. ¿Que te parece si cambiamos los nombres?, ahora tu eres el Señor Rosa. (Sr.Rosa)
─ Basta. Nadie va a cambiar los nombres con nadie. Hay dos formas de hacer este trabajo. La mía y la puta calle. (Joe Cabot)
… y más tarde…
– ¿Señor Marron?, eso suena como Señor mierda

¿Dónde va a parar el agua con la que te lavas la cara por la mañana?

Cada mañana abro el grifo y brota el agua con la que me lavo la cara. Pensaba – como todo el mundo – que esa agua luego discurría por las cañerías hasta desembocar en el mar pero la idea de que no fuera así comenzó a atormentarme de tal manera que tuve que asegurarme enviando a mi propio oso recorre cañerías para que me hiciera un informe exhaustivo de por dónde pasaba esa agua. Partió con el último remolino de agua del lavabo y yo me fui a trabajar. Cuando volví todavía no había regresado. Tras unas horas de espera mirando con atención el agujero del desagüe decidí acostarme pensando que ya lo oiría cuando llegara pero lo que me despertó fue el reloj de mi mesita anunciándome un nuevo día. Me preocupé al ver que no estaba. ¿Sería verdad que desembocaba en el mar y mi pobre oso se había ahogado? ¿Qué clase de dueño era yo que enviaba a los osos a ahogarse al mar? Lamentándome estaba cuando abrí de nuevo el grifo y cual fue mi sorpresa cuando cayó extenuado de él. Cuando por fin recuperó la respiración me confirmó que yo tenía razón. Aquella agua había viajado por las cañerías al vecino de al lado, el cual después de lavarse la cara, la dejó escapar por el desagüe para que otro vecino hiciera lo mismo, el cual siguió la cadena y el agua fue viajando primero por edificios, luego por ciudades, luego por países y por último por continentes acechando los grifos que se abrían con cada nuevo amanecer. Esa agua había dado la vuelta al mundo en veinticuatro horas para estar puntual, una vez más a las ocho de la mañana en mi lavabo para que yo pudiera lavarme la cara.
He internado a mi oso recorre cañerías en el psiquiátrico. Prefiero pensar que está loco a que yo me haya estado lavando durante años la cara con esa agua.

Primer día de vacaciones

Nadaba yo en el mar y era muy tarde,
justo en ese momento
en que las luces flotan como brasas
de una hoguera rendida
y en el agua se queman las preguntas,
los silencios extraños.

Había decidido nadar hasta la boya
roja, la que se esconde como el sol
al otro lado de las barcas.

Muy lejos de la orilla,
solitario y perdido en el crepúsculo,
me adentraba en el mar
sintiendo la inquietud que me conmueve
al adentrarme en un poema
o en una noche larga de amor desconocido.

Y de pronto la vi sobre las aguas.

Una mujer mayor,
de cansada belleza
y el pelo blanco recogido,
se me acercó nadando
con brazadas serenas.
Parecía venir del horizonte.

Al cruzarse conmigo,
se detuvo un momento y me miró a los ojos:
no he venido a buscarte,
no eres tú todavía.

Me despertó el tumulto del mercado
y el ruido de una moto
que cruzaba la calle con desesperación.
Era media mañana,
el cielo estaba limpio y parecía
una bandera viva
en el mástil de agosto.
Bajé a desayunar a la terraza
del paseo marítimo
y contemplé el bullicio de la gente,
el mar como una balsa,
los cuerpos bajo el sol.

En el periódico
el nombre del ahogado no era el mío.

(Luis García Montero)

Esperanza en el futuro


Vivimos en todo momento esperando algo mejor que lo que tenemos, y frecuentemente a la vez con nostalgia arrepentida de lo pasado. En cambio, el presente lo tomamos solamente como algo provisional y no lo consideramos otra cosa que el camino hacia alguna meta. Por ello, cuando miran hacia atrás desde el final, los más encuentran que han vivido toda su vida interinamente, y se asombran de ver que lo que dejaron pasar sin darle importancia y sin disfrutarlo era precisamente su vida, precisamente aquello en cuya expectativa vivían. Y así, la trayectoria vital del hombre consiste, por regla general, en que, entontecido por la esperanza, va bailando hasta caer en los brazos de la muerte.

(Paralipomena – Arthur Schopenhauer)