Monthly Archives: April 2006

La desesperación de las letras

Estaba viendo la tele cuando oí un fuerte estruendo detrás de mí, justo en la biblioteca. Me levanté extrañado y fui a comprobar qué era. Una masa inconsistente de papel agonizaba a los pies de la estantería. La cogí entre mis manos y desmembrando sus partes pude adivinar que aquello había sido un libro, Crimen y castigo para ser exactos. No supe encontrar una explicación lógica a tan extraño incidente.
A la noche siguiente, estando de nuevo delante de la televisión, el inquietante ruido. Esta vez, irónicamente, había sido Anna Karenina quien se había convertido en un manojo de papel deforme que yacía a los pies de sus compañeros.
Unas noches más tarde me di cuenta de lo que estaba ocurriendo: los libros se estaban suicidando. Al principio fueron los clásicos. Cuanto más clásico, más alta la probabilidad de estamparse contra el suelo. Después comenzaron los de filosofía, un día moría Platón y al otro Sócrates. Luego les siguieron autores contemporáneos como Hemingway, Dos Passos, Nabokov…
Mi biblioteca estaba desapareciendo a pasos agigantados. Había noches de suicidios colectivos y yo, por más que me esforzaba, no conseguía encontrar un rasgo común entre las obras kamikazes que me permitiera saber cuál iba a ser la siguiente. Una noche decidí no encender la televisión para vigilar atentamente los libros. Aquella noche no se suicidó ninguno.

Pianista en un burdel

La vida transcurre a través de mí,
realiza piruetas y cabriolas de acróbata loco
a mi alrededor y me esquiva
para que nunca pueda alcanzarla,
apenas intuirla.

Pasa por mi lado, se detiene un momento
y mientras me acaricia levemente la mejilla
con la fugacidad del grito entre dos silencios
se burla de mi torpeza.

Se me muestra entera, atractiva,
como una mujer generosa
que cree saberlo todo,
que huele indudablemente a ti
– de eso estoy seguro –
y que me saluda desde la puerta
para cerrarla a continuación.

Si la vida fuera otra,
si tuviera la energía,
las ganas
o simplemente lo que habría de tener,
me sentiría como uno más
de los malabaristas en la pista
saltando mil veces para caer siempre dentro de ti.

Y no me sentiría como me siento,
como un pianista aplastando teclas en un burdel.

El mundo desde mi bañera

Un día cualquiera, Nemesio se metió en la bañera. A su mujer, que preparaba la cena en aquel momento, le extrañó que su siempre famélico y poco limpio marido tardara tanto en salir. Cansada ya de esperar, fue a ver si le había pasado algo. Se lo encontró mirando al techo pensativo y murmurando para sí que por fin había encontrado su lugar al margen del estúpido mundo que ya no entendía. Pensando que era otra de sus extravagancias, se fue a dormir convencida de que cuando se aburriera de hacer el ganso, se secaría e iría a la cama.
Al día siguiente lo despertó en la bañera. Enfadada, se fue a trabajar figurándose que él haría lo mismo, pero cuando volvió al mediodía no había cambiado nada más que lo arrugado de su piel.
No recuerda el momento exacto en que aceptó aquel comportamiento como normal. Poco a poco fueron habilitando el cuarto de baño para que estuviera más cómodo: una televisión vía satélite, un sistema de renovación automática del agua…
Cuando decidieron ser padres ella tuvo que acceder a la petición de procrear dentro de la bañera.
Pasaron los años y llegó la comunión de los niños, que la tuvieron que hacer con el cura presente en el servicio ante la negación del padre a salir de su santuario. Pronto las cenas de Navidad con toda la familia acabaron en igual escenario teniendo que aguantar la sorna del tío Andrés. Más tarde las respectivas bodas de sus hijos, a pesar del disgusto de las ofendidas nueras.
Pero un buen día la muerte llamó a la puerta del baño. Tras muchos intentos, los hombres de la funeraria no fueron capaces de extraer el cuerpo de la bañera. Se había amoldado tan bien en el transcurrir de los años que ya formaban un solo ser. Los vecinos todavía recuerdan cuando bajaron la bañera por la escalera con Nemesio dentro, aún sonriente por haber ganado su pulso al mundo.

Valencia

A pesar de mi amor incondicional por la ciudad yo no lo podría haber escrito mejor. Hace tiempo que quiero escribir sobre mi ciudad pero ante el miedo de no estar nunca a la altura, creo que no se molestara si cojo prestadas sus palabras.
Carlos Marzal, conocido y laureado poeta valenciano escribe sobre ella en un artículo de ‘El País‘.
Se nota que este hombre quiere a su Tierra y sabe de lo que habla.
Valencia es exactemente como la describe. Su luz, su olor, sus calles,…

Snif! Que morriña!

Premio de Microrrelatos

Ya es oficial.
El día 18 de Abril y de cara a la celebración del día del libro en Barcelona se ha hecho público el resultado de la II edición de microrelatos de Montcada Radio.
Por el premio en metálico sé que he quedado segundo aunque ahí no lo pone. Bueno, puede ser un comienzo para empezar a vivir de esto.

Trainspotting

TrainspottingElige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compacdiscs y abrelatas eléctricos. Elige la salud: colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a intéres fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos.
Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige el bricolage y pregúntate quien coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el puto sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima ,en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoistas y hechos polvo que has engendrado para reeemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida.
Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así?. Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa, y las razones: No hay razones.
¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

(Trainspotting)

Espero curarme de ti


Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de
fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me
receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante. En una
semana se pueden reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se les
puede prender fuego. Te voy a calentar con esa
hoguera del amor quemado. Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están están entre dos
gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama. (Tú saber cómo te digo que
te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame
agua”, “¿sabes manejar?,”se hizo de noche”… Entre
las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he
dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te
quiero”.)

Una semana más para reunir todo el amor del
tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú
quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No
sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para
entender las cosas. Porque esto es muy parecido a
estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.

(Espero curarme de ti – Jaime Sabines)

El Puente Mirabeau

apollinaire
Bajo el puente Mirabeau corre el Sena
Y nuestro amor
¿Es necesario que lo recuerde?
La alegría viene siempre tras la pena
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo
Con las manos unidas estamos cara a cara
Mientras bajo el puente
De nuestros brazos pasa
La ola tan cansada de las eternas miradas
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo
El amor se aleja como este agua que huye
El amor se aleja
Lento como la vida
Y violento como la esperanza
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo
Pasan los días y pasan las semanas
Ni el tiempo que se fue
Ni los amores vuelven
Y bajo el puente Mirabeau corre el Sena
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo

(El Puente Mirabeau – Guillaume Apollinaire )