La Sociedad del Duelo

3 July 2006

Deconstrucción de una novela

Filed under: Intercuentos — gines @ 11:52 pm

Me enfrentaba a todas las palabras conocidas juntas. Todos los vocablos de todos los idiomas vigentes y extintos se daban cita en aquel manuscrito que contaba todas las historias de todos los tiempos. Allí las palabras danzaban en una bacanal eterna para combinarse de cualquier manera posible con el fin de contar hasta la más pequeña de las historias.
Cuando comencé a deconstruir mi novela lo primero que hice fue elegir el idioma. Impuesto por mi educación y mi realidad, el español se erigió sobre los demás desapareciendo cualquier término que no estuviera en él. El volumen de la novela menguó de forma considerable.
Para ser lógicos, el segundo paso me llevó a determinar el tema sobre el que quería hablar. Me abracé a la idea de una historia intimista de un jubilado que recapacita sobre su vida a punto de darla por terminada. Automáticamente todo el vocabulario relacionado con tramas bélicas, de aventuras, históricas y demás desapareció de las páginas que iban perfilándose a medida que las concretaba. Llegó el momento de decidir la voz narrativa que contaría la historia. No fue difícil comprobar que la que mejor se ajustaba era el narrador en primera persona -por aquello de darle un aire próximo-. Todas las demás voces, dejaron de existir para siempre en el manuscrito.
Calibré el manojo de hojas. La siguiente decisión que debía tomar –a mi manera de entender las cosas– era el tiempo donde quería ubicarla. Al elegir la década de los sesenta, cualquier término que se hubiera aceptado en los diccionarios como válido después de esos años quedó descartado, aquí también se incluían los nombres de inventos o marcas registrados a posteriori.
Con la ubicación no quise complicar la novela con toda suerte de modismos de países adscritos al castellano. Así que elegí uno de ellos al azar: Uruguay iría bien. Esta decisión hizo desaparecer todos los localismos y nombres de ciudades allende sus fronteras.
En este punto, la elección del protagonista fue lo más fácil: un anciano que no había salido del barrio en su vida limitaría aún más el catálogo de palabras.
Me detuve un momento y respiré fuerte. Había llegado al principio del camino. Como autor, ahora tendría que expresarme con la voz del personaje que había creado.
La hoja en blanco frente a mí.

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