La Sociedad del Duelo
31Oct/060

Carta de un seguidor de tu obra

Hola Ginés.
Te escribe un ferviente seguidor de tu creación.
Día tras día leo con detenimiento tu obra. Tu creatividad me abruma, hay miles de maneras de expresar
una idea ... un concepto y tu siempre eliges la más original.
Trato de captar el tras fondo de cada línea, cada palabra, porque sé que en todo lo que escribes hay un profundo significado.
Por eso aun hoy me sorprende expresiones como: "si viene vacio se sale" de un dramatismo innegable,
o "Llamada para comprobar los tipos especiales" con el lenguaje propio de la novela negra, o bien
"Si ya existe hace un checkout para crear una nueva versión" que te hace sentir en el fondo del corazón que siempre hay esperanza.
También esta "Añadimos marca al objeto" que golpea por su dureza y finalmente "FALLA!!!" terrorificamente expresivo.

Por eso te animo a que continúes creando con la intensidad con la que nos has obsequiado hasta ahora.

Un abrazo.

Tu seguidor...

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Esta mañana he recibido un mail de un admirador diciendo que era fiel seguidor de mi obra. Mi ego me ha traicionado y he comenzado a leerlo con avidez pero a medida que iba surcando sus líneas me daba cuenta de que no tenía sentido lo que decía. Tras darle vueltas he caído en la cuenta y me ha hecho mucha gracia la verdad.
Hace un año me encontraba en Barcelona trabajando para una empresa que no mencionaré con un producto que intento olvidar. Cuando me fui de allí (para dedicarme de lleno a la literatura), dejé escrito un manual de urgencia (La firma electrónica de Dc COLD) con todos los posibles errores que se podía encontrar mi sustituto (no deja de ser literatura). Se ve que todavía no me lo ha perdonado. Lo siento Carles pero me alegra pensar que al menos mi literatura gris ha dejado huella en alguien...

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18Oct/063

Boig per tu


A la terra humida escric
nena estic boig per tu,
em passo els dies
esperant la nit.

Com et puc estimar
si de mi estàs tan lluny;
servil i acabat
boig per tu.

Sé molt bé que des d'aquest bar
jo no puc arribar on ets tu,
però dins la meva copa veig
reflexada la teva llum, me la beuré;
servil i acabat, boig per tu.

Quan no hi siguis al matí,
les llàgrimes es perdran
entre la pluja
que caurà avui.

Em quedaré atrapat
ebri d'aquesta llum
servil i acabat
boig per tu.

Sé molt bé que des d'aquest bar
jo no puc arribar on ets tu,
però dins la meva copa veig
reflexada la teva llum, me la beuré;
servil i acabat boig per tu.

(Boig per tu - Sau)

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13Oct/060

El Oteador


Ayer apareció el número 0 de 'El oteador de los nuevos tiempos'. Una revista digital del buen amigo César Requesens que tiene carácter internacional con colaboradores en Roma, Barcelona, Brasilia, Praga, Atenas, Paris...
A medida que se vayan recibiendo las colaboraciones de los 'oteadores' repartidos por todo el mundo se irán añadiendo al contenido de la revista. En el primer número un artículo sobre la Granada oculta de César y el completo mío sobre Byron.
Espero que la disfrutéis.
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9Oct/066

Cristina García Morales

Hoy 9 de Octubre se ha presentado en el café literario Anaïs de Granada el cuadernillo de Cristina García Morales. Tuve el honor de hacer la presentación. Leyó dos cuentos (uno de los cuales pongo aquí) e interpretó in situ un tercero con una bolsita de manzanilla y un encendedor. Apunten este nombre. Pronto será conocida.

CUENTO DE INVIERNO
En Alaska, o en Siberia quizás, vivía una pareja de zorros. Zorros árticos, claro, color de plata y de nieve sucia. Escarbada en la tierra helada tenían una madriguera que descendía hasta cuatro metros. Ése era su hogar, el del zorrito y la zorrita. Iban en pareja a cazar ratones y a robarle huevos a las gaviotas y a las perdices, o esperaban a que los osos se comieran una foca para ponerse a roer las sobras. En los meses más duros del invierno, como era más difícil hacerse con una presa, salía cada uno por la mañana en una dirección distinta. Si al anochecer alguno de los dos había conseguido algo olfateaba hasta encontrar al otro y compartían la pieza. Si los dos tenían suerte, cada cual festejaba celosamente su banquete, y si ninguno de los dos, ni el zorrito ni la zorrita, habían tenido suerte y llegaban con las fauces vacías al agujero, pues dormían. Se hacían un ovillo con las colas, se pegaban el uno al otro para darse más calor. Sus respiraciones eran lentas y había momentos que se sincronizaban.
Una tarde oscura en que el zorrito acechaba a un conejo, un cañón negro susurró entre la maleza. Tras un chasquido y el silbido de un objeto afilado rajando el aire, el zorrito, perdida la concentración, bailó sobre las patas traseras y se cayó con un dardo de plumas rojas clavado en el lomo. A la zorrita, que volvía a la madriguera sin haber hecho otra cosa que mirar el lento pastar de los renos, se le pusieron las orejas de punta y levantó una pata. Salió corriendo hacia donde le marcaron los sentidos y a pocos metros de ella, donde el olor del zorrito se hacía tan intenso, la sorprendió el cañón, el chasquido y el silbido. El golpe de dardo la hizo retroceder torpemente en su carrera, hacer una ese y por último caer. Después de unos cuantos espasmos y de un ladrido ahogado se quedó quieta. El hombre salió de los arbustos, metió a los zorritos en un saco que se echó a la espalda y se fue en su moto.
Debajo de un alógeno, en una pequeña tarima, un maniquí sin cabeza y sin extremidades, con tan sólo una gran pata de madera, muestra los zorritos, zorros según la cartulina acristalada. El escaparatista, siempre atento a los detalles, vistió el tronco con una sábana de seda roja que ajustó en la cintura con alfileres y dejó el resto de la tela arrastrando por el suelo. Probó varias maneras y finalmente colocó los zorritos en torno al cuello. Como están cosidos por el hocico ha puesto esa parte, la de las cabezas, en la nuca, y así los cuerpos vacíos bajan desde los hombros hasta un poco más allá de las caderas, en paralelo, doblándose en un suave ángulo a la altura de los pechos. Escogió esa disposición, además de porque así se apreciaban la pulcritud y todos los matices de las pieles, porque así los ojos de cristal y las orejitas cartilaginosas no están a la vista, que suelen causarle aprensión al público. Pero un señor que los ha querido observar de cerca y acariciarlos (se ha quitado los guantes y ha hundido las manos en su espesura, y las ha deslizado) se fija en las caras y en las miradas opacas, y le gusta.
- Señorita, ¿se ha dado cuenta de que los zorros se están besando?
Sin dejar de sonreír, la dependienta se detiene un segundo en los morritos sellados y asiente:
- ¿Se los lleva, entonces?
El señor, sin reparar en el precio, contesta que sí. Es maravilloso estar enamorado.

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7Oct/060

Hay veces que lo que quieres decir ya está escrito

sabina.jpgSentados en corro merendábamos, besos y porros
y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.
Te morías por volver con la frente marchita cantaba Gardel
y entre citas de Borges Evita bailaba con Freud,
ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy.

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
carricoches de miga de pan, soldaditos de plata.
Con aguita de un mar andaluz quise yo enamorarte
pero tú no tenías más amor que el de río de la plata.

Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta
cuando el sol fue secando la ropa de la vieja Europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió
mándame una postal de San Telmo, adiós cuídate
y sonó entre tú y yo el silbato del tren
.

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
monigotes de miga de pan, caballitos de lata.
Con aguita de un mar andaluz quise yo enamorarte
pero tú no tenías más amor que el de río de la plata.

Aquellas banderas de la patria de la primavera
a decirme que existe el olvido esta noche han venido
te sentaba tan bien esa boina calada al estilo del Ché
Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear
y al llegar y me puse a gritar ¿donde estás?

Y no volví más a tu puesto del rastro a comprarte
corazones de miga de pan, sombreritos de lata.
Y ya nadie me escribe diciendo no consigo olvidarte
ojalá que estuvieras conmigo en el río de la plata

Y no volví más a tu puesto del rastro a comprarte
carricoches de miga de pan, soldaditos de lata.

(Con la frente marchita - Joaquín Sabina)

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