La Sociedad del Duelo

30 December 2006

La espuma de los días

Filed under: Parafraseando — gines @ 8:05 pm

– ¿A qué se dedica usted en la vida? -preguntó el profesor.
– Aprendo cosas -dijo Colin-. Y amo a Chloé.
-¿Su trabajo le es rentable? -preguntó el profesor.
– No -dijo Colin-, no realizo un trabajo en el sentido en que lo entiende la gente.
– Ya sé que el trabajo es algo infecto -murmuró el profesor-, pero lo que uno elige hacer, como es normal, no puede ser rentable porque…
Y se interrumpió.

(La espuma de los días, Cap. XLVII- Boris Vian)

26 December 2006

El invitado inesperado

Filed under: Intercuentos — gines @ 9:58 pm

La Nochebuena les había devuelto a los dos amigos una vez más cada uno a su casa. Después de vagar un año por todo el país, se sentaban de nuevo en la mesa familiar para compartir la cena, los regalos y los villancicos. Se reunieron más tarde y entre copa y copa, desgranaron las sensaciones que habían tenido. Uno estaba convencido de que lo menos importante era su presencia, que lo que primaba era el circo que se montaba alrededor de los manjares, y que incluso, de un año a otro, le costaba reconocer a sus primos. El otro asentía con la cabeza y corroboraba sus impresiones. Tras un largo silencio y sólo con la valentía que proporciona el alcohol tardío, se propusieron llevar a cabo un experimento para confirmar su teoría. Se intercambiaron las llaves de casa y se dieron unas someras indicaciones de donde estaba la habitación de cada uno y su sitio en la mesa a la hora de comer. Se despidieron con un gran abrazo que habría de durar hasta la Nochebuena siguiente, y se dirigieron decididos cada cual a la casa del otro. El primero de ellos llegó y entró a oscuras para no despertar a nadie. Se dirigió entre nubes al cuarto convenido y se acostó.
Al día siguiente se despertó sin saber donde estaba ni lo que había pasado. Cuando cayó en la cuenta y ante la segura alarma de la madre de su amigo al verle aparecer en la cocina, preparó una explicación.
Pero no hizo falta. La mujer nada más verle, le apremió -ante la inminente llegada de los invitados a la comida de Navidad- a que se duchara deprisa. Sin mediar palabra se vio empujado, con una taza de café en la mano, hacia el baño. Tras ducharse y rebuscar en el armario ropa limpia, apareció en el comedor temeroso de ser reconocido –o más bien desconocido- por el resto de la familia. Pero nadie se alarmó y todos le llamaron por otro nombre y le colmaron de regalos y atenciones. Incluso se sorprendió cuando una supuesta prima le tocó con más afecto de lo familiarmente estipulado por debajo de la mesa.
Casi había olvidado su verdadera identidad cuando sonó el móvil. Su amigo, ya metido en el tren de vuelta, le explicaba que el experimento había sido un éxito y que su madre le había preparado un cocido de escándalo. Quería saber cómo le había ido a él. Miró a la prima, sonrió y tras un pequeño silencio, contestó que se había equivocado de número.

24 December 2006

She’s a rainbow

Filed under: Parafraseando — gines @ 8:01 pm


She’s A Rainbow
She comes in colors ev’rywhere;
She combs her hair
She’s like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors
She comes in colors ev’rywhere;
She combs her hair
She’s like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors
Have you seen her dressed in blue?
See the sky in front of you
And her face is lik a sail
Speck of white so fair and pale
Have you seen a lady fairer?
She comes in colors ev’rywhere;
She combs her hair
She’s like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors
Have you seen her all in gold?
Like a queen in days of old
She shoots her colors all around
Like a sunset going down
Have you seen a lady fairer?
She comes in colors ev’rywhere;
She combs her hair
She’s like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors
She’s like a rainbow
Coming, colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors

(She’s a rainbow – Rolling Stones)

23 December 2006

Glenn Gould, genio del piano

Filed under: varios — gines @ 12:01 am
Tal como eramos La famosa silla
Variaciones Goldberg Un poco de su vida

22 December 2006

Razón de amor

Filed under: Parafraseando — gines @ 7:29 pm

¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo;
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales:
es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.

(Versos 54 a 90 de ‘Razón de amor’ – Pedro Salinas)

20 December 2006

Encargo

Filed under: Parafraseando — gines @ 10:44 am
cortazar.jpg
No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

(Encargo – Julio Cortázar)

Los 4 tíos por fin juntos

Filed under: varios — gines @ 9:07 am

Internet ha sido el medio donde por fin se han podido encontrar los 4 tíos.
Ahora tan sólo os hace falta adivinar quiénes son y como se titulan sus canciones (en una lo tenéis muy fácil). Hagan sus apuestas…

(Para Vicente en el día de su cumpleaños)

Tío Neil Tío Lou
Tío Bob Tío Frank

19 December 2006

Secuestradores de estaciones

Filed under: Intercuentos — gines @ 9:08 pm
“Tenemos al invierno en nuestro poder. Si no pagan el rescate se lo devolveremos en cachitos ”. Más o menos eso venía a decir el anónimo hallado en la sede central del Gobierno Único, que como era de prever fue archivado en la B de bromas para caer en el olvido. Hasta el 21 de diciembre. Cuando el otoño se quedó esperando en la esquina de siempre a dar el relevo a su prima estación que no se presentó, y tuvo que doblar el turno hasta que la siguiente prima –conocida por todos como Vera- le sustituyera y descargara así de tan difícil y anómala situación.
Fue entonces cuando los altos cargos del Partido recordaron el anónimo que tanta gracia les había hecho, pero quisieron creer que todo había sido una coincidencia y que, quizá, el invierno, cansado ya del eterno tiovivo de las estaciones, se había tomado una de descanso. Derecho tenía.
Pero al año siguiente tampoco se presentó a la cita y el otoño, aconsejado por la experiencia, levantó la voz de alarma. Los primeros en reaccionar fueron los americanos que apelando al patriotismo y a Bing Crosby se negaban a pasar otra navidad sin su manto blanco. Se respaldaron en no sé qué paz mundial y no sé cuál eje del mal y desembarcaron en un par de países de difícil pronunciación. Pero no lo encontraron.
Los años se fueron sucediendo, y comprobado que la vía bélica no funcionaba pasaron al plan B: publicar en todos los medios nacionales el rostro de la estación secuestrada y ofrecer una jugosa recompensa para cualquier información que les llevara hasta ella.
Tampoco resultó.
Agotadas todas las vías conocidas –fuerza y dinero- y descartada la lógica –pagar el rescate- volvieron a centrar sus esfuerzos en restaurar democracias ajenas acallando a la opinión pública mediante cañones de nieve artificial en las fechas señaladas.
Extinguido ya el invierno, el resto de estaciones llegaron al acuerdo de no sobrecargar al anciano otoño y se repartieron a razón de un mes más cada una el hueco dejado por la compañera caída. Las nuevas generaciones crecieron creyendo que las estaciones eran tres y los planetas diez. Hasta un buen día en que los secuestradores, cansados de tanto frío y viendo que el mundo se había olvidado de ellos, decidieron volver a juntar las dos partes del invierno escondidas en ambos polos, y dejarlo en libertad sin previo aviso. Éste, aún desperezándose, comenzó a cabalgar sobre la Tierra con su larga barba blanca y lo envolvió todo con una gruesa capa de nieve, con tanto ímpetu que una nueva glaciación arrasó el planeta extinguiendo a las otras tres estaciones y a la humanidad entera. Americanos incluidos.

18 December 2006

Oficinista atrapado

Filed under: Intercuentos — gines @ 7:16 pm
Tuvimos que coincidir varias veces para darme cuenta de que aquel hombre no había abandonado el ascensor desde hacía al menos un mes.
Cuando se lo comenté a mi mujer se rió de mí. “¿Cómo va a estar un hombre viviendo en el ascensor de tu oficina?”.
Por una vez le di la razón y me lo quité de la cabeza durante algún tiempo; hasta aquella noche en la que el trabajo me retuvo hasta tarde y no pude dejar de hacer la prueba. Dejé escapar dos ascensores y esperé a que llegara el de la derecha. Cuando se abrió la puerta allí estaba, ataviado con su perenne traje gris y su rostro pétreo. Me costó reconocerlo detrás de la tupida barba, pero sin duda era él. Entré en silencio y marqué la planta baja. Al llegar a nuestro destino salí pensando que me seguiría. Pero no lo hizo.
Me volví a los pocos metros y me quedé observándole separados los dos por una frontera invisible mientras él permanecía inmóvil mirando a través de mí.
Fue entonces cuando alguien llamó el ascensor desde arriba y comenzaron a cerrarse las puertas. Juraría que una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.

15 December 2006

El miedo

Filed under: Parafraseando — gines @ 7:18 pm
El hombre que tiene miedo sin peligro,
inventa el peligro para justificar su miedo.

(Émile Chartier Alain)

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