La Sociedad del Duelo

30 January 2007

Batalla perdida

Filed under: Intercuentos — gines @ 12:05 am

Procedía de uno de los pueblos más recónditos del norte. Tan sólo el servicio militar obligatorio había conseguido arrancarlo de sus entrañas y no tardaron mucho en darse cuenta de lo fácil que era tomarle el pelo. Sin ir más lejos, la primera vez que salió de permiso con los amigos, fueron a unos grandes almacenes donde se enfrentó a unas escaleras mecánicas en las que no hubo manera de hacerlo subir, y si en la instrucción ordenaban girar a la derecha, la mayoría de las veces se iba en sentido contrario, o si por casualidad acertaba, entonces se notaba el estridente retraso del que duda.
Los oficiales ya no sabían que hacer con él. Había pasado por todos los castigos marciales y ni aún así se aplicaba. No era mano dura lo que le faltaba. No, no era eso.
Los compañeros le escondían las botas y se reían de él cuando aparecía a formar descalzo o le soltaban cubos de agua a traición mientras dormía.
Un día llegó la noticia de que su madre había muerto. Le dieron dos semanas de permiso y los soldados centraron sus energías en otra víctima mientras esperaban.
El día que volvió entró directamente a formar, pero su uniforme no era igual al de los demás. Lo había tintado de negro en señal de duelo. Nadie rió. Nadie dijo nada. Ni siquiera el oficial de guardia que aquel día le dejó marchar como quiso o como pudo.

29 January 2007

Edición digital

Filed under: varios — gines @ 11:59 pm
El concurso de literatura comprimida del servicio de la juventud de La Comarca de la Sidra que se falló en Noviembre acaba de publicar la edición digital de los 199 trabajos seleccionados de los más de 1000 envíados.

27 January 2007

La tregua

Filed under: Crítica Literaria — gines @ 3:21 pm
LA TREGUA
MARIO BENEDETTI
CATEDRA
MADRID , 2002. 255pp
Hace algunos años, mientras pacía tranquilo en uno de los bares más oscuros de Barcelona, una amiga me preguntó a bocajarro qué novela me hubiera gustado escribir. Me sorprendí a mi mismo al responder sin apenas pensarlo que la novela por la que me gustaría ser recordado, ocupando así mi sitio en ese espacio tan selectivo como es la inmortalidad, era sin duda ‘La tregua’ de Mario Benedetti. La siguiente pregunta no se hizo esperar: ¿Por qué? Y ahí sí que no supe que contestar, aunque en el fondo de mí sabía de forma inequívoca e inconfesable la respuesta que no salió de mi boca. Porque ha sido la única novela que me ha hecho llorar, simplemente por eso. Porque si entendemos que el arte de escribir es transmitir sentimientos, no he encontrado otra que lo haya hecho mejor, que se haya agarrado tan bien a mis entrañas y las haya estrujado de tal manera que no ha parado hasta causarme el llanto. Porque no es una novela fácil, porque cuenta la vida misma, lo que te puede ocurrir a ti y a mí, porque sabes que el autor te está contando una parte de sus experiencias, porque cuando te enfrentas a la contraportada te inunda un sentimiento de vacío no conocido hasta entonces, porque cuando has dejado de estremecerte quieres ser mejor y porque –y esta es la razón definitiva- toca de manera magistral uno de los temas universales más delicado y difícil de transmitir: la soledad. En aquel momento salí del paso y respondí una serie de sandeces que de malas que eran mi memoria me ha hecho el favor de borrar, pero aquella pregunta me ha estado persiguiendo hasta hoy y al responderla por escrito consigo por fin exorcizar uno de mis tantos traumas pendientes. Cuando se piensa en Benedetti todo el mundo recuerda sus poemas de oficina y se le aparece el rostro de viejito tierno pero poca gente sabe que el autor vivió diez años en el exilio entre Argentina, Perú, Cuba y España, que su tercer nombre de cinco no puede ser más literario que Hamlet o que ha pasado sesenta años de su vida con la misma mujer, Luz, que murió el año pasado. Son aspectos de la vida que nadie conoce pero que forman parte de su estilo, de su todo y que se refleja en lo que escribe, porque si de algo sabe Benedetti es de la vida misma, de contarla tal y como ocurre, sin adornos y sin reservas y en ‘La tregua’ –su libro más vendido desde que lo escribiera en 1960- nos da una lección a todos los escritores que en lo sencillo y cotidiano está la esencia de una buena novela. Como él dijo: “Nunca escribí en función del éxito, escribí lo que me salió de las pelotas. Si tenía éxito, bien, y si no, pues nada”.

(Publicado hoy en la edición impresa de La Opinión de Granada)
Periferia Libros en pdf

24 January 2007

Ganador yoescribo.com

Filed under: varios — gines @ 11:28 pm
Hoy me han comunicado la gente encantadora de ‘yoescribo.com‘ que he resultado ganador del VI concurso de relatos de la fundación CABANA (valorado en 3000 euros con viaje a Mallorca incluido para recoger el premio en Septiembre) con el cuento La biblioteca de la vida.
Ahora tendré que comerme lo bocazas que soy y pagar todas las comidas que prometí.

23 January 2007

L’Etapa Groga nº 4

Filed under: varios — gines @ 9:06 pm

Acaba de publicarse el número 4 de la primera publicación abúrica ‘L’etapa groga’ (La etapa amarilla) que lleva el buen amigo, ilustrador y compañero de tertulias Miquel Rof de Barcelona.

Nº 4 Berolaj Gaboro

22 January 2007

monalisa en el Anaïs

Filed under: varios — gines @ 11:42 pm
El lunes 22 de enero dentro del ciclo ‘de mes en cuando’ tocarán en directo seis temas acústicos el grupo granadino monalisa . El lugar: Café Anaïs (C/ Buen suceso 13 -Granada).
La hora: 22.00 h.
Entrada gratuita.

Fotos del día después

Isabel Mellado leyendo monalisa al completo

20 January 2007

La espuma de los días

Filed under: Crítica Literaria — gines @ 3:13 pm
LA ESPUMA DE LOS DÍAS
BORIS VIAN
CATEDRA
MADRID , 2002. 259pp
Boris Vian es una de las personalidades francesas más polifacética y fértil del siglo XX. Aunque murió joven, tuvo tiempo de trabajar como ingeniero, actor, músico, escritor, cantante, poeta, filósofo y crítico de jazz. Autor que se negó a ser clasificado bajo ninguna bandera –a excepción del colegio patafísico de su amigo Raymond Queneau, movimiento tan de moda últimamente en el ambiente literario de Granada- y que se declaró enemigo acérrimo de las normas, de los estratos sociales preestablecidos y del trabajo alegando que la razón está en el individuo y no en las masas. Admirador de Duke Ellington y de Sartre y frecuentador del existencialismo que éste prodigaba, rompe todas las reglas de la novela clásica y se aleja de lo establecido para presentarnos esta obra díscola, divertida y apabullante que no busca otra cosa que sorprender primando la originalidad y la innovación a la literatura comprometida de sus coetáneos. Aunque no toda su obra fue así. Valga como ejemplo ‘Le Déserteur’, la canción que compuso animando a los jóvenes franceses a no cumplir el servicio militar en plena campaña contra Argelia y que estuvo muchos años prohibida.
Consciente de su tiempo limitado –debido a una enfermedad coronaria prematura- y empapado del mismo París que más tarde animaría a Cortázar a engendrar su ‘Rayuela’, escribió ‘L’écume des jours’ como bella metáfora a ese tiempo que se va para no volver y que nos regala momentos mágicos, como si de burbujas aisladas se trataran, que una vez estallan tan sólo sobreviven en nuestra memoria. La novela carece de hecho, de cualquier información que nos indique el tiempo en el que se desarrolla o del que transcurre entre escena y escena. Y hablo de escenas y no pasajes, porque el libro es sencillamente una delicia visual, tal cual se proyectara una película de dibujos animados ante nuestros ojos y fueran desfilando toda clase de personajes no convencionales, acompañados de artefactos no menos extraños -como el pianocóctel que mezcla los combinados de acuerdo con las notas de jazz que se tocan en él-, con el fin de dar forma a una de las historias de amor más intensas y trágicas de la literatura moderna. Inolvidables son las escenas de la boda donde los músicos se estrellan contra el suelo, la de las anguilas que aparecen por los grifos y la del apartamento que va cambiando de tamaño y aspecto y no menos sorprendentes los “cameos” del propio Sartre y del mismísimo Jesucristo en el capítulo final del cementerio.
En definitiva, ‘La espuma de los días’ es una de esas novelas mágicas que siempre ha estado ahí, que siempre ha existido, y que tiene que ser arrancada del olvido por el consejo de un amigo o de una persona amada. Y como todos sabemos, no hay libro que se lea más a gusto que el que te recuerda a alguien querido.

(Publicado hoy en la edición impresa de La Opinión de Granada)

18 January 2007

El mito de Sísifo

Filed under: Parafraseando — gines @ 8:50 pm
cortazar.jpg
Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. […]

(El mito de Sísifo – Albert Camus)

14 January 2007

Toco tu boca

Filed under: Parafraseando — gines @ 12:56 am


Toco tu boca,
con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibujo en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras,
de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

(Rayuela, capítulo 7 – Julio Cortázar)

La cámara acorazada

Filed under: varios — gines @ 12:01 am
Publico este cuento titulado ‘La cámara acorazada‘ que había quedado olvidado en un cajón desde agosto del año pasado cuando lo escribí en Zambujeira do Mar. No acabo de entender que me llevo a escribir esto rodeado de tanto marisco, playas y vinho verde.
Espero que os guste.
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