Monthly Archives: August 2007

Reiterado asesino


No desea cometer ese crimen. Porque es repugnante y porque sabe con todo detalle cómo será castigado. Y mientras levanta el arma con la que debe hundir el cráneo de su víctima, siente que todos sus músculos se rebelan, que todo su cuerpo vibra por la lucha de dos fuerzas encontradas: la de su propia voluntad y la fuerza loca de la fatalidad que lo obliga a realizar un destino escrito, a matar otra vez a esa mísera vieja. Con un esfuerzo supremo, Rascolnicoff se da vuelta y descarga el golpe contra el lector.

(Ana María Shua)

Motivos y fallos

No sabía cómo había aparecido en mitad del desierto con aquel revólver en la mano. Aún más incierto era el origen del hombre que tenía postrado delante y que parecía esperar una resolución. Desconcertado, observó el arma y al extraño que en ese momento levantaba la cabeza para rogarle que no lo hiciera. ¿Hacer qué? -se preguntó- ¿Dispararle?
Sopesó la situación mientras andaba en círculos alrededor de él sin dejar de apuntarle. Debía existir una explicación para semejante escenario. Lo último que recordaba era haber salido de la oficina y… ¿qué hacía allí entonces?
Por otra parte, la vida le había enseñado que debía aprovechar todas las oportunidades. ¿Cuántas veces en la vida podría matar a un hombre y quedar impune? Sintió entonces un inquietante poder que terminaba en la punta del cañón.
Asustado, intentó aclarar sus pensamientos expresándolos en voz alta. El desconocido dejó de gimotear. Apenas podía creer lo que estaba oyendo. ¿Acaso pretendía que le diera razones para no hacerlo?
Tuvo entonces la idea de preguntarle si conocía la razón de que estuvieran allí. Parecía saberla pero no la quería decir.
No tardó en encontrar la pregunta definitiva: “Dime. ¿Qué harías tú en mi situación?”.
El titubeo le costó un balazo.

Locos cotidianos

Llegó tarde a casa, y en lugar de acostarse, buscó refugio en un pack de seis cervezas olvidado en la nevera. Subió a la terraza del adosado -que tan poco disfrutaba por tener que pasarse la vida trabajando para pagarlo- y cogió una silla plegable para montarla justo en mitad de la desaprovechada extensión. Abrió la primera de las latas y se la bebió de un trago. Respiró hondo, se aflojó el nudo de la corbata y por primera vez desde que vivía allí, dejó que la mente en blanco flotara sobre la ciudad dormida que se extendía a sus pies.
Absorto estaba cuando se encendió una luz en la ventana del adosado de enfrente. Una sombra se perfiló amenazante detrás de la persiana. Sin duda le observaba. -¿Qué hace un tío vestido de traje, a las cuatro de la mañana, en una silla plegable en medio de una terraza?-. Pensó que un saludo lo tranquilizaría pero entonces cayó en la cuenta de que no conocía a ninguno de sus vecinos. Así que pensó que ya apagaría la luz. No tardó. La ventana permaneció a oscuras alrededor de dos minutos hasta que volvió a encenderse y proyectó dos sombras en lugar de una. El hombre había despertado a su mujer. Bueno… Ya se cansarían.
De nuevo se sumió en la oscuridad. Permaneció atento por si aparecían otra vez, quizá ahora con la sombra del hijo o la del perro. Sonrió.
Tan concentrado estaba en la ventana que no se dio cuenta de que habían salido de casa para llamar al vecino de al lado. Ahora eran tres personas las que desde la calle le observaban y debatían qué hacer ante tamaño imprevisto. No tardó en añadirse el matrimonio del otro lado con sus tres hijos y otra pareja mayor, que no supo de dónde había salido. En poco tiempo se había juntado un pequeño gentío que no dejaba de mirarle. Lejos de inquietarse, abrió una segunda cerveza. El ruido que provocó alertó a uno de los vecinos que cogió el móvil y mantuvo una conversación que no pudo oír pero que sin duda hablaba de él y de su casa, pues no dejaba de señalar los posibles puntos de acceso a la misma. La tercera cerveza la extinguió de un sorbo, y ya iba por mitad de la cuarta cuando vio como la calle se teñía de azul con las luces de una patrulla de la policía. Los hombres uniformados le instaron a que bajara pero él –convencido de no haber hecho nada malo- se negó. Cuando por fin abrió la puerta, la quinta lata que sostenía entre las manos cayó al suelo al encontrarse con las enojadas esposas.
El amanecer engulló al coche con el oficinista atrapado en su interior. Poco a poco, los vecinos fueron regresando al interior de las casas de aquel barrio tranquilo y respetable, a salvo ya de esos locos trajeados que amenazaban su existencia.

Here comes the sun


Here comes the sun, here comes the sun
And I say it’s all right
Little darlin’ it’s been a long cold lonely winter
Little darlin’ it feels like years since it’s been here
Here comes the sun, here comes the sun
And I say it’s all right
Little darlin’ the smiles returning to their faces
Little darlin’ it seems like years since it’s been here
Here comes the sun, here comes the sun
And I say it’s all right
Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes
Little darlin’ I feel the ice is slowly meltin’
Little darlin’ it seems like years since it’s been clear
Here come the sun, here comes the sun
And I say it’s all right
Here come the sun, here comes the sun
It’s all right, it’s all right

(Here Comes The Sun – George Harrison)

The weeping song


Go son, go down to the water
And see the women weeping there
Then go up into the mountains
The men, they are weeping too

Father, why are all the women weeping?
They are weeping for their men
Then why are all the men there weeping?
They are weeping back at them

This is a weeping song
A song in which to weep
While all the men and women sleep
This is a weeping song
But I won’t be weeping long

Father, why are all the children weeping?
They are merely crying son
O, are they merely crying, father?
Yes, true weeping is yet to come

This is a weeping song
A song in which to weep
While all the men and women sleep
This is a weeping song
But I won’t be weeping long

O father tell me, are you weeping?
Your face seems wet to touch
O then I’m so sorry, father
I never thought I hurt you so much

This is a weeping song
A song in which to weep
While we rock ourselves to sleep
This is a weeping song
But I won’t be weeping long
But I won’t be weeping long
But I won’t be weeping long
But I won’t be weeping long

(The weeping song – Nick Cave & the bad seeds)