Monthly Archives: October 2007

Todas as cartas de amor são Ridículas

Todas as cartas de amor são
Ridículas.
Não seriam cartas de amor se não fossem
Ridículas.

Também escrevi em meu tempo cartas de amor,
Como as outras,
Ridículas.

As cartas de amor, se há amor,
Têm de ser
Ridículas.

Mas, afinal,
Só as criaturas que nunca escreveram
Cartas de amor
É que são
Ridículas.

Quem me dera no tempo em que escrevia
Sem dar por isso
Cartas de amor
Ridículas.

A verdade é que hoje
As minhas memórias
Dessas cartas de amor
É que são
Ridículas.

(Todas as palavras esdrúxulas,
Como os sentimentos esdrúxulos,
São naturalmente
Ridículas.)

Fernando Pessoa (Álvaro de Campos, 21-10-1935)

… y de la presentación del libro

Y aquí las fotos del día de la presentación del día 3 de octubre en la Casa de los Tiros de Granada. Muchas gracias a los excelentes presentadores (Federico Villalobos y César Requesens), periodistas de La Opinión de Granada, que tan bien se lo hicieron pasar al público, y a éste, por venir con la que caía fuera.

Conferencia: La angustia del escritor de cuentos.
Entrevista: La Opinión de Granada
Noticia del día siguiente: Granada Hoy

Millás y el Planeta

millas.gifPocas veces me he alegrado tanto por que un escritor ganase un premio. Sólo recuerdo dos ocasiones. La primera en que un escritor en el que me había fijado –Ángel Olgoso– se llevara el mismo al que yo me había presentado y este que nos ocupa: el de Juan José Millás llevándose el Planeta. Este premio, siempre rodeado de polémica y al que no le tengo mucha simpatía por cierto, no ha podido tener mejor ganador. El otro día, en la presentación del libro, llevaba dos discursos preparados. Uno largo, que fue el que al final leí y uno corto que se quedó en el tintero. El que no leí, era un articuento de Millás que publiqué hace ya dos años en este mismo blog y que contaba lo que significaba para él escribir. Yo me lo aprendí como una oración. Compruebo que no lo decía por decir ya que tomó como pseudónimo de la obra precisamente las dos últimas palabras de este articuento: ‘A ciegas’. Hace más de un año también aproveche para preguntarle en una entrevista abierta de El País y mi primera crítica en La Opinión de Granada fue precisamente de un libro suyo, Laura y Julio. Además es valenciano, como yo. Demasiadas coincidencias. Espero que se me pegue algo.

El equilibrio del mundo

Del único hijo que estaba seguro era del pelirrojo. A los otros dos no los había visto en mi vida.
Tras mucho pensar, llegué a la conclusión de que al salir del hipermercado, con la confusión del gentío, me los habían cambiado. No me importó. Los cuidé durante tres años, confiando que otros harían lo mismo con los míos. Hasta el día del parque de atracciones en que -con tanto crío- me cambiaron al pelirrojo y al mayor de los extraños por una niña y un mulato. A éstos los crié durante casi diez años pero un día, al volver de la universidad, me llegaron transformados: la chica por un joven que hablaba inglés y el que más tiempo había pasado conmigo por otro con gafas que parecía autista. Aun así, y pensando que la vida era esto, consentí pagarles los estudios hasta el final.
El día que se casaba el inglés, los padrinos –que iban a ser sus pseudohermanos- fueron sustituidos por dos chicas gemelas. Nada feas, a decir verdad.
Ahora, ya en el lecho de muerte espero, cada vez que se abre la puerta de la habitación y entran tres jóvenes extraños, que sean mis hijos, los de verdad, los primeros, para poder despedirme de ellos y de este mundo que ya no entiendo.

La mujer justa

LA MUJER JUSTA
SANDOR MARAI
SALAMANDRA EDICIONES
BARCELONA, 2005. 415pp
Sándor Márai es un autor húngaro que comienza ahora a ser reconocido en España a raíz de la traducción al castellano de sus novelas, y que durante muchos años estuvo vetado en su país por haberse exiliado voluntariamente y mostrarse así contrario a la ocupación soviética. Escritor de extensos monólogos y exquisitos párrafos que merecerían ser encuadrados en lo mejor de la literatura contemporánea, sus palabras destilan tanta sabiduría que parece que el escritor disfrutara de varias vidas seguidas y utilizara la última para adoctrinar al mundo con lo aprendido de forma empírica. En su periodo más fértil -el comprendido entre 1928 y 1948- escribió sus novelas más importantes: “El último encuentro”, “Música en Florencia”, “La herencia de Eszter”, “A la luz de los candelabros”, “Divorcio en Buda” y “La amante de Bolzano”, este último, con Casanova como protagonista.
Casi toda su obra habla de la disolución de la clase media húngara en tiempo de entreguerras. Clase que conocía muy bien por pertenecer a ella y haber pasado muchos años observando su comportamiento. Como él mismo dijo: “Tal vez la única obligación de mi vida y de mi trabajo como escritor sea elaborar el proceso de esa desintegración”.
En “La mujer justa” nos cuenta la historia de un triángulo amoroso difuminado por el largo pasar de los años, entre un burgués húngaro, su mujer y la doncella del primero. Redactada como tres interesantes monólogos de cada uno de los personajes, nos enseña que la verdad es siempre relativa según el prisma empleado y que la verdad absoluta sólo la podrá intuir el lector al finalizar todos los testimonios de los implicados en el lance amoroso. Las voces irán mostrando el porqué de su comportamiento y nos aleccionará en que cada persona se compone de sus circunstancias, su pasado y sus miedos, y que todos actuamos bajo determinados intereses aún sin ser conscientes de ellos. Márai se mete en la piel de cada personaje y le hace escupir hasta la última de las palabras que lleva dentro. Leyéndolo, te olvidas de que es un hombre el que nos habla, al manejar de forma magistral la voz femenina. Es más, consigue que cada uno de los monólogos parezca que lo hayan escrito tres autores diferentes con cadencias y vocabulario totalmente distintos. Efecto que quizá consiguiera al espaciar en el tiempo el alumbramiento de las tres partes. Digno de mencionar es el inquietante personaje del escritor atormentado, amigo del marido que, sin dotarlo en ningún momento de voz propia, está omnipresente de una forma u otra a lo largo de toda la novela y que bien podría ser un reflejo del propio autor.
Sándor Márai se suicidó de un disparo en 1989 en su exilio de California cuando se vio obligado a tener que depender de otras personas para su cuidado. Hasta en la forma de morir nos intentó dar una lección.

(Publicado hoy en la edición impresa de La Opinión de Granada)
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Notas falsas

Eligió la melodía con cuidado. Debía ser lo suficientemente pegadiza e inusual. Al día siguiente, en la oficina, se pasó toda la mañana silbándola al oído de su compañero.
Cuando por la noche llegó su mujer a casa tarareándola, se confirmaron sus sospechas.